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Las mujeres y su rol en la soberanía y seguridad alimentarias

De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), la seguridad alimentaria se referier al acceso de toda la población a alimentos saludables y nutritivos que satisfagan sus necesidades alimentarias y permitan vivir de una manera activa y sana. Por su parte, la seguridad alimentaria tiene que ver con el ejercicio de los derechos humanos y el desarrollo sustentable en cuanto a políticas agropecuarias y de alimentación que garanticen procesos sostenidos de nutrición y alimentación en base a productos inocuos, nutritivos y ecológicamente sustentables (Argandoña, 2013). El concepto de soberanía implica considerar particularidades de género, cosmovisión y desarrollo evolutivo del conjunto de la población.

CARE en Ecuador promovió la investigación participativa denominada “Mujeres: su rol en la soberanía y seguridad alimentarias.- Producción, organización, participación y nutrición, en la zona 1 norte de Ecuador, desde los saberes y la identidad cultural”. CIESPAL, Fundación Casa Ochún y UNORCAC -CCMU fueron los socios estratégicos en este esfuerzo por identifcar caminos de intervención en desarrollo y lineamientos de política pública que garanticen la seguridad y soberanía alimentaria en la frontera norte del Ecuador. Las perspectivas de mujeres y de identidad cultural fueron los lentes que guiaron la investigación y sus resultados y que garantizan tanto criterios de desarrollo humano integral como de equidad y de justicia. La rigurosidad académica desarrollada por el equipo de investigación del Instituto de Estudios Ecuatorianos garantiza los resultados que se entregan para su consideración.

Este documento recoge los resultados de la investigación elaborada por el Instituto de Estudios Ecuatorianos (IEE) y apoyada por CARE Ecuador, cuyo objetivo fue analizar el rol de las mujeres campesinas, que habitan en diferentes lugares de cinco cantones de la zona norte 1 de Ecuador: Pedro Moncayo (Pichincha), Cotacachi (Imbabura), Mira (Carchi), Putumayo (Sucumbíos) y San Lorenzo (Esmeraldas), en la defensa de la seguridad y soberanía alimentarias, y sus aportes en las fases del proceso productivo agrícola. Al tratarse de mujeres indígenas, afroecuatorianas y mestizas, la perspectiva de género e intercultural fue el punto de partida teórico-metodológico para explorar esta situación.

Los campesinos y campesinas con escasos recursos productivos intentan mejorar sus condiciones de vida fuera del campo. Su migración hacia centros poblados periurbanos o urbanos es un fenómeno en crecimiento, así como la migración temporal o permanente de los jóvenes de zonas rurales en la búsqueda de trabajo o estudios.
Muchos de los campesinos que migran son hombres, y aunque logran encontrar mayores ingresos, la precariedad laboral es común.

La migración masculina hacia las ciudades ha contribuido a la feminización del campo. Las mujeres que se quedan en las zonas rurales, mientras sus parejas e/o hijos salen a trabajar, experimentan importantes cargas de trabajo adicionales. Además de continuar asumiendo la totalidad de las tareas reproductivas (gestación, crianza y cuidado de
niños, niñas, adultos mayores y personas enfermas y/o discapacitadas), las mujeres, cada vez con más frecuencia, se encargan de las actividades de producción agrícola y el cuidado de animales, tierra, semillas y agua.

La Encuesta del Uso del Tiempo realizada por el INEC (2007) confrma una situación de sobreexplotación de las mujeres en las áreas rurales. Según datos de esta encuesta, las mujeres campesinas trabajan 22 horas más que los hombres en el campo (82 horas y 58 minutos por semana, en comparación con 60 horas y 11 minutos de trabajo masculino) y 7 horas más que las mujeres de la ciudad. La carga global de trabajo de las mujeres rurales es, pues, muy alta y comprende tanto el trabajo remunerado fuera del hogar como el trabajo no remunerado que incluye el trabajo doméstico, el trabajo de autoconsumo, el trabajo afectivo, el cuidado a la naturaleza y las actividades que sostienen el tejido comunitario y organizativo.

Las condiciones, aportes y desafíos de las mujeres que se evidencian en los estudios de caso tienen que ver con las condiciones de desigualdad estructural en las que se encuentran las mujeres indígenas y afrodescendientes, y en general, las mujeres rurales.

Descarga y lee esta investigación aquí: https://drive.google.com/file/d/0B6wJrsxILA__emtsbUw4M21MblE/view

 

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