Género, Noticias

Más del 50% de las mujeres rurales trabajan en empleos rurales no agrícolas

Como parte de las notas escritas por el equipo de género de la Oficina para América Latina y el Caribe de la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO) publicamos este aporte, relacionado con las actividades a las que se dedican las mujeres que viven en el campo. En los países de América Latina y el Caribe, las áreas rurales abarcan, por lo general, más del 90% del territorio nacional. En muchos más del 50% de la población rural económicamente activa trabaja en actividades no agrícolas, y de este porcentaje un alto número corresponde a mujeres.

Las mujeres que trabajan en Empleos Rurales No Agrícolas (ERNA), generan ingresos que
son claves para su autonomía económica y para la seguridad alimentaria de sus familias. Su labor no suele ser reconocida, debido a la falta de políticas específicas para mejorar sus condiciones de trabajo.

El ERNA engloba a los ocupados con residencia rural en todos los sectores económicos menos en el agrícola primario (es decir, menos en la agricultura, ganadería, silvicultura, caza y , generalmente, pesca). Se trata de actividades extremadamente
heterogéneas, tanto en cuanto a la rama de actividad, al tamaño de la empresa (desde microempresas unipersonales hasta empresas transnacionales con varios centenares
de empleados a nivel local), como en cuanto a la inserción laboral (desde familiar no remunerado hasta empleador).
Esta heterogeneidad también se refleja en las condiciones de trabajo e ingresos que van desde muy por encima del promedio agrícola hasta paupérrimas, en el denominado
“ERNA de refugio”.

El ERNA ha tenido un crecimiento vigoroso en las últimas décadas. Hoy en día en la región, un 45% de los ocupados y ocupadas rurales trabaja en alguna actividad no agrícola como ocupación principal. En torno a 2010, el empleo rural
ascendía a 48,4 millones de personas, de los cuales 21,7 millones se encuentran en ERNA.
Este dinamismo ha despertado grandes expectativas respecto a su potencial para retener población en las áreas rurales, atraer inversiones públicas y privadas en infraestructura y servicios y, por ende, reducir algunas de las limitaciones de las áreas rurales,  alimentaria de las familias. Ellas no son reconocidas ya que faltan políticas específicas para mejorar sus condiciones de trabajo.

Un 45% de las mujeres mayores de 15 años que viven en áreas consideradas rurales están ocupadas, aunque con diferencias sustanciales entre países. De éstas, más de la mitad trabaja –como ocupación principal- en un empleo rural no agrícola.
En 2010, las mujeres que trabajaban en ERNA sumaban 9,6 millones. Se estima que en 2013 en América Latina las mujeres que trabajan en ERNA suman casi 14 millones. Aproximadamente, un 10% del total de mujeres ocupadas en América Latina trabaja en alguna de estas diversas actividades que conforman el empleo no agrícola de residentes rurales.

Mira la nota completa en:

Haz clic para acceder a a-as104s.pdf

 

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